Un interiorismo cálido y memorable en pleno Embajadores. Partimos de una paleta terracota y arenas aplicada en estucos con textura artesanal, que envuelve el local con un aire mediterráneo. La barra y el comedor se organizan en un único gesto fluido: bancos corridos tapizados en tono oscuro con bañadores de luz indirecta, mesas de madera y un juego de sillas tapizadas en azul profundo que aportan contraste fresco.
El carácter se refuerza con apliques y pantallas en cobre, espejos con arcos suavizados que amplifican el espacio y una pavimentación de inspiración hidráulica con motivos de estrellas. La decoración vegetal y las piezas escultóricas de cactus ponen el toque lúdico sin restar sofisticación. La iluminación en capas —lineales ocultas, puntuales sobre mesa y acento en paramentos— permite pasar del servicio de mediodía a la noche con una atmósfera siempre acogedora.
Materiales resistentes y mantenimiento sencillo completan un local funcional para el equipo y fotogénico para el cliente: cálido, reconocible y con identidad de barrio.
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